El aceite de palma es víctima de los bulos durante la pandemia del Covid-19

En las últimas semanas, mientras estamos sumidos en la mayor pandemia de los últimos cien años, son muchos los analistas y “expertos” que se apuntan a la infodemia de las “fake news” y los bulos en torno al COVID-19 para señalar al aceite de palma como uno de los causantes de la proliferación del virus. La realidad es que todas las investigaciones científicas apuntan a que el coronavirus procede de los mercados de animales salvajes de China, en los que se venden animales capturados, vivos o muertos, como alimento o para fines medicinales.

No quieren perder la oportunidad de achacarlo a la deforestación en países como Indonesia que concentran, juntos con Malasia, el 85% de la producción mundial de este aceite. Poco importa que, según los datos publicados por Global Forest Watch, la situación en Indonesia está progresando claramente. La realidad es que en 2018 la pérdida de masa forestal se redujo en un 40% con respecto a la media anual del periodo 2002-2016 y solo un 11% de los incendios están relacionados con las plantaciones de palma. ¿Por qué nadie se toma la molestia en analizar la deforestación y el impacto que producen aceites vegetales como el girasol y la soja? Porque los productores proceden de países ricos con muchos recursos para hacer lobby y campañas de desinformación contra un aceite que ha sacado de la pobreza a millones de personas.

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No dejemos que la infodemia del Covid-19 oculte las evidencias. A día de hoy, demuestran que el aceite de palma es un aceite vegetal que procura el aporte energético y los nutrientes que deben de estar presentes en una dieta equilibrada y saludable. Además, es el cultivo con mayor rendimiento por hectárea: 3,8 toneladas frente a aceites como la colza (0,8 toneladas) o el girasol (0,7 toneladas). Por tanto, es un cultivo que puede contribuir a una menor deforestación si se apuesta por la sostenibilidad.

Este video lo muestra de una manera clara e ilustrativa:

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