Sostenibilidad Low Cost: Ryanair se burla de los consumidores y contribuye al empobrecimiento de los países en vías de desarrollo

Ryanair introdujo en Europa un modelo de negocio pionero que durante años ha permitido a los europeos disfrutar de vuelos de bajo coste. Se trata de un modelo que, aplicado a cualquier negocio, puede reportar muchos beneficios pero incurre en el riesgo – tal y como denuncian muchas de las sentencias emitidas por las autoridades europeas – de cercenar los derechos de los consumidores poniendo en práctica políticas más que cuestionables. De hecho, el comportamiento ético de esta compañía está en entredicho.

SOSTENIBILIDAD. Ryanair ha de demostrar que es una empresa sostenible. Es un tema muy complicado en la industria del transporte aéreo, así que Ryanair recurre a estratagemas que quieren hacernos creer que están empleando esfuerzos en reducir el impacto que su actividad ocasiona en el medioambiente.

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A TRAVÉS DEL ACEITE DE PALMA. Ryanair afirma que la mayoría de sus productos de venta a bordo no contienen aceite de palma; pero no todos, pues aquellos que gozan de un mayor éxito de ventas sí lo contienen. Se jacta de productos que han eliminado el aceite de palma de toda su gama, como los de Barilla o aquellos que, como el agua, nunca lo han contenido.

POKER DE TRES CARTAS. Ryanair nos engaña con su actitud de querer salvar el mundo, pero se comporta como un jugador de póker de tres cartas. Hace trampas. Sin embargo, al tratarse de aceite de palma podemos estar seguros de que ninguna autoridad europea tomará cartas en el asunto.

La compañía aérea quiere hacernos creer que la sostenibilidad está supeditada a la erradicación del aceite de palma, para lo que actúa desviando la atención de los problemas reales, tales como la contaminación que ocasiona un avión en vuelo. Presume de usar productos que de por sí no contienen aceite de palma y mantiene en cartera aquellos que sí lo contienen pero que se venden muy bien.

Ha habido casos en el pasado, como el de KLM, en los que una compañía aérea demonizó el uso de aceite de palma y se arrepintió de su error después, pidiendo disculpas públicamente y retirando la campaña en contra.

LA SOLUCIÓN. Si verdaderamente queremos salvar el planeta, se puede recurrir a productos que contienen aceite de palma sostenible, producido de una manera respetuosa con el medioambiente y con los derechos humanos. La cadena de suministro de aceite de palma es la única reconocida por las certificaciones de sostenibilidad. Las opciones alternativas al aceite de palma no gozan de estas garantías.

Si esta fuera la política de Ryanair, no debería vender nada en sus menús de abordo. ¿Por qué? Porque la primera causa de deforestación en el mundo no es el aceite de palma. ¿Por qué no elimina de sus menús la carne, por ejemplo, cuando la cría de ganado intensiva es la mayor causa mundial de desforestación?

Debería también suprimir la mantequilla y los productos que contienen aceite de colza, girasol o soja, pues su evaluación del ciclo de vida es muy inferior a la del aceite de palma.

Ryanair también alude al mayor valor nutritivo de aquellos productos sin aceite de palma. Esto no es cierto en absoluto. Como han demostrado multitud de estudios, incluido el nuestro, no hay una reducción sustancial de las grasas saturadas en los productos que han cambiado el aceite de palma por el de colza o el de girasol.
Cualquier compañía que se considere sostenible, seria y respetuosa con el medioambiente y con los consumidores, debería comprometerse con el uso y la promoción del aceite de palma sostenible.

Sin embargo, aquellas compañías de dudosa moral, hambrientas de dinero, escogen el camino fácil y explotan la moda “sin aceite de palma”, usando productos con ingredientes menos sostenibles y engañando, por tanto, al consumidor.
Por supuesto, Ryanair, que siempre lleva todo al extremo, ha acabado luciendo sus botellas de agua como “libres de aceite de palma”. Ha llegado demasiado lejos. Hasta la lasaña se exhibe como alimento sin aceite de palma. Como no podía ser de otra manera, las fabrica Barilla, otra compañía que en lugar de recurrir a la cadena de suministro sostenible del aceite de palma le declaró la guerra para incrementar sus ventas.

 

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