Propuestas Liberales Para Frenar El Cambio Climático

Estas semanas está teniendo lugar en Madrid la Cumbre por el Clima (COP25), que tenía pensado celebrarse en Chile este año, pero que se vio obligada a ser trasladada a la capital española por los graves disturbios acaecidos en la capital chilena en los últimos meses. En Madrid se está hablando de propuestas para frenar el cambio climático, de la efectividad de estas en el tiempo y, en muchos casos, de su efecto sobre la economía y el bienestar de los ciudadanos. En breve informaremos sobre nuestra participación en este encuentro internacional.

La sostenibilidad del modelo productivo es un factor esencial que los gobiernos y las empresas deben perseguir sin cesar, hasta dar con un modelo de producción energética que sea respetuoso con la libertad individual a la par que con el medioambiente. Por ello, el liberalismo tiene un gran papel que jugar en esto, siendo impulsor de políticas públicas que, a través de la ratificación de los derechos de propiedad sobre ciertos recursos y la introducción de incentivos o desincentivos sobre determinadas actividades generadoras de externalidades, logre estabilizar la balanza climática y prosperar hacia un modelo de desarrollo sostenible.

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Lo que resulta meridianamente claro de los estudios científicos más recientemente publicados, es la necesidad de actuar para proteger el clima. Según datos de la propia Comisión Europea, las emisiones globales de CO2 procedentes de la combustión de fuentes de energía fósil, aumentaron un 1,9% en el año 2018, en contraste con el año anterior, alcanzando una cota total de 37.900 millones de toneladas de CO2. En un periodo temporal de 11 años (2007-2008) se han emitido cerca de 400.000 millones de toneladas de CO2, la misma cantidad que en los anteriores 15 años (1991-2006). Por ello, el liberalismo ha de tomar la batuta en la lucha contra el cambio climático, centrándose en la internalización de las externalidades negativas generadas por ciertos agentes económicos en el mercado a través de la introducción de desincentivos a la producción de dichas externalidades. Una medida que ha demostrado ser de enorme efectividad allá donde se ha aplicado, como es el caso de Canadá con la fiscalidad pigouviana (que recibe su nombre del economista británico Arthur Pigou), consistente en aplicar un impuesto a las emisiones de CO2, pagado por las diferentes compañías y entes contaminantes, cuyos ingresos fiscales serán más tarde destinados a políticas públicas específicas para luchar contra el cambio climático, para preservar la salud pública, o directamente entregados en forma de “cheques” a los ciudadanos afectados, como es el caso anteriormente mencionado.

En el año 2018, el Premio Nobel de Economía fue entregado al economista americano William Nordhaus junto a Paul Romer. El primero de estos economistas fue premiado por el desarrollo de modelos de evaluación integrada acerca de los efectos sobre la economía y el clima de las distintas políticas públicas aplicables para combatir el cambio climático. Es decir, modelos predictivos que calculan cual sería el desarrollo futuro de la economía y el clima bajo diferentes circunstancias, y tras la aplicación de diferentes políticas (expansión de mercados de créditos de carbono, menores cuotas de producción de CO2, nueva fiscalidad verde…). A su vez, los modelos de Nordhaus no olvidan el efecto del cambio climático sobre el crecimiento del PIB, y calculan cuales serían las consecuencias de un calentamiento progresivo del planeta sobre el crecimiento económico, y como a través de algunas mínimas políticas económicas, dichos efectos podrían revertirse.

En conclusión, el liberalismo ha de alzarse con la bandera de la defensa de la sostenibilidad económica y abogar por una protección del medioambiente a la par que de los derechos de los consumidores, así como de la libertad económica y empresarial. Ha quedado demostrado que a través de unas mínimas políticas públicas que introduzcan los incentivos correctos en el sistema de mercado, las externalidades negativas, como es el caso de las emisiones de CO2, pueden verse reducidas de manera apreciable. El futuro está en nuestras manos.

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