Etiquetas “Sin” ciencia

gluten

Las etiquetas “sin” en los productos de alimentación son engañosas. No cabe duda de que son una herramienta de marketing efectiva para llamar la atención de los consumidores pero también pueden ser peligrosas. En un mercado altamente competitivo como el de los alimentos, las funciones tradicionales de la mercadotecnia (producto, precio y posicionamiento) no son tan efectivas para captar nuevos clientes y se están buscando técnicas que sean más directas.

Aquí es donde entra el reclamo promocional “sin”, que se asocia, tanto en publicidad como en empaquetado, a la salud y al cuidado del medio ambiente. Vivimos un momento en el que el consumidor está preocupado por su salud y, por tanto, por lo que come. También tiene preocupación por la sostenibilidad de nuestro entorno, aunque este fenómeno se da en menor medida en países como España, Italia y Portugal. Por ello, este nuevo perfil de consumidor se centra en la compra de productos saludables y sostenibles.

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Estas etiquetas fomentan la creencia de que el producto es más saludable y/o más sostenible, lo que fortalece o debilita a las opiniones de los consumidores e incluso los engaña. El “sin” en las etiquetas (sin gluten, sin colorantes, sin aceite de palma, sin azúcar, etc.) fomenta la idea de salubridad porque implica que el ingrediente excluido puede ser peligroso o no saludable.

Sin embargo, la excesiva competencia en el mercado ha llevado a algunas compañías y distribuidores a abusar del “sin” para ganar nuevos clientes aprovechándose de sus emociones y dejando a un lado la utilidad inicial que tenía para el consumidor. Esto ha llevado a etiquetados absurdos y engañosos como “Champú sin gluten” o “Ketchup sin lactosa”.

En este sentido, el gluten es el caso más emblemático.

En el caso de Italia, hay 6 millones de consumidores que compran productos sin gluten pero sólo hay 600.000 celíacos. El gasto supera los 100 millones de euros al año. Además, los celíacos en Italia cuentan con 90 euros al mes, proporcionados por el Servicio Nacional de Salud, para la compra de productos sin gluten y ahora se tienen que enfrentar a esta trivialización de su enfermedad en esa búsqueda de manipulación del consumidor.

Varias asociaciones de celíacos en Europa, incluyendo Italia y España, se quejan del uso indebido de etiquetas en productos genéricos sin gluten como frutas, verduras, legumbres, cacao, productos lácteos, champús y pasta de dientes.  Ser celíaco es una condición médica que debe ser respetada y protegida, no una manera de ganar dinero. Identificar todos los productos como “sin gluten” es un error porque, en lugar de ayudar, confunde al celíaco, genera temor entre los consumidores y viola la regulación europea. Por ejemplo, de acuerdo con el Reglamento Europeo 1924/2006, en el caso de las grasas saturadas, solo se podrá declarar “contenido reducido de grasas saturadas” cuando la suma de grasas saturadas y grasas trans sea como mínimo inferior a un 30% en comparación con un producto similar y cuando la cantidad de trans sea igual o inferior a la de un producto similar.

Otro ejemplo preocupante es el de la etiqueta “sin aceite de palma”. La realidad es que se trata de un ingrediente saludable con mucha calidad al que se le discrimina a través de información sin evidencia científica. Todo con el objetivo de explotar los temores de los consumidores. Ahora el consumidor se siente aliviado porque el producto comprado no lleva aceite de palme pero ¿saben cómo se sustituyó el aceite de palma? No. ¿Hay una mejora real en el producto? Ellos creen que sí pero ignoran si las evidencias científicas sustentan esa mejora.

La realidad es que el aceite de palma certificado se ha convertido en sostenible, y se trata del aceite más sostenible entre los aceites y grasas vegetales. Entonces, ¿por qué se elimina de los productos? Simplemente porque producir aceite de palma que esté certificado como sostenible requiere más inversión, compromiso y responsabilidad social. Creen que es mejor reemplazarlo, engañando al consumidor para que piense que se eliminó el ingrediente peligroso.

En Estados Unidos y en Turquía han prohibido el uso del reclamo “sin aceite de palma” porque no informa al consumidor, sino que les proporciona una información fabricada con noticias falsas. Debemos proteger una sociedad de mercado que no engañe al consumidor. Por eso, el nuevo Parlamento Europeo que salga de las urnas el próximo 26 de mayo debe establecer objetivos ambiciosos para detener la difusión de estas noticias falsas y los abusos del etiquetado “sin” lo antes posible.

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