Eliminar laos pagos directos de la PAC para proteger el medio ambiente

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A mediados de los años 80 la Política Agraria Común (PAC) representaba aproximadamente el 70% del presupuesto comunitario, pero con el fin de lograr una mayor competitividad del sector primario, se ha ido reduciendo de forma progresiva el peso de estas ayudas que, según se espera para el programa plurianual de los años 2021-2027, pase a representar el 30% de los desembolsos (ver aquí), manteniéndose, eso sí, como la partida presupuestaria más importante para las instituciones de la Unión en los próximos años. En España, El 54% de los fondos anuales de la Unión Europea tienen como destino la agricultura (6.280 millones de euros).

Una de las políticas más importantes que se engloban dentro de la PAC son los pagos directos a los productores, que en el programa plurianual de 2014-2020 representaba cerca del 72% de los 400.000 millones de euros consignados a las políticas de conservación y gestión de recursos naturales.

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El problema de dichos pagos es que la mayoría están desacoplados a la producción, lo que genera desincentivos para que los agricultores promuevan mejoras de la eficiencia en la asignación de recursos y para que apliquen nuevas tecnologías que incrementen la productividad de sus explotaciones, al mismo tiempo que se logra un menor impacto medioambiental.

Precisamente, la cuestión medioambiental es uno de los retos a los que tiene que hacer frente la Unión Europea en los próximos años, y conscientes de ello, varios europarlamentarios han propuesto recientemente en la Comisión de Agricultura reducir dichos pagos directos que tienen como destinatarios a explotaciones altamente intensivas, las cuales son la principal causa del cambio climático y de la degradación del medio ambiente.

Para poner en perspectiva el problema de la contaminación que puede generar la agricultura, hay que tener en cuenta que en España, por ejemplo, más del 70% de las toneladas de cereales consumidos tienen como destino la alimentación animal. Además, Una porción de carne de res genera 36 kilos de CO2, para producir tal cantidad de gases contaminantes, un vehículo debería ser conducido durante 3 horas y cubrir 250 kilómetros.

Por lo tanto, no es lógico mantener una política agraria que, aunque cada vez sea menos importante, sostenga este tipo de explotaciones, desincentivando la producción eficiente y respetuosa con el medio ambiente, a la vez que se pretende luchar de manera eficaz contra el cambio climático. De hecho, La Unión Europea y muchos Estados Miembros alertan del problema de asegurar la producción agrícola dentro de sus fronteras, imponiendo cuotas y otro tipo de salvaguardas a las importaciones, cuando la solución debe pasar precisamente por una mayor competencia que acabe con la protección que muchas explotaciones han mantenido durante muchos años en Europa, lo que dificulta la transición a un sector primario moderno y respetuoso con el medio ambiente.

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