El miedo como estrategia de marketing

fake news

Los seres humanos no somos racionales. Cuando pensamos y tomamos decisiones lo hacemos bajo la presencia de fuertes sesgos que condicionan nuestras elecciones o, al menos, esto es lo que han demostrado varios psicólogos y economistas, como los premios Nobel Daniel Kahneman y Richard Thaler.

Uno de los atajos más importantes que solemos tomar a la hora de considerar lo que es cierto o no es el sesgo de disponibilidad, que muestra como es más probable que reaccionemos y nos asuste un caso aislado de algo que veamos en la televisión, que un hecho relevante que apenas tiene repercusión en los medios de comunicación y en las redes sociales. Por ejemplo, si preguntásemos a la gente cuál es la profesión mejor pagada, presumiblemente la opción más escogida sería la de futbolista, puesto que es habitual escuchar hablar en los informativos sobre las impresionantes cifras que cobran jugadores como Cristiano Ronaldo o Lionel Messi. Sin embargo, en países como Estados Unidos, con superestrellas en la NBA o en la NHL, los deportistas no están ni entre las 10 profesiones mejor pagadas.

Subscríbete a nuestra Newsletter

No es que esto sea una forma más de transmitir las famosas fake news, sino que solo retorciendo la lectura e interpretación de los datos o haciendo hincapié en ciertas cuestiones por encima de otras, se puede acabar manipulando a la población para que piense de una determinada forma. La mayor accesibilidad a la hora de tomar atajos nos anima a que finalmente los recorramos, por una cuestión de eficiencia, y porque nos mueven más los cuentos que las cuentas, como explica en una brillante charla TED Alan Smith.

Y en el ámbito de la salud y de la alimentación, estamos siendo bombardeados por parte de campañas de marketing, ya no solo provenientes de marcas de reconocido prestigio, sino que también por parte del sector público, en las que se nos alerta, de manera infundada, de los riesgos de tomar ciertos alimentos y sustancias.

En estos días en los que se ha celebrado el Día Mundial de los Derechos del Consumidor, es aún más importante recalcar mensajes como los que transmite JM Mulet, conocido químico e investigador en el campo de la seguridad alimenticia, que en un prestigioso congreso de cocina ha indicado que “ahora parece que de repente la comida es veneno”, refiriéndose al miedo que se genera sobre el uso de transgénicos o de pesticidas en alimentos, al mismo tiempo que ha aseverado que esto provoca que nos preocupemos por cuestiones que no son relevantes para nuestra salud. “El problema es gestionar este miedo. No estamos preocupando por lo que no deberíamos preocuparnos” y la forma en la que se gestiona el miedo del consumidor “puede ser muy rentable”.

Precisamente, en muchos campos se usa el miedo y la urgencia como estrategia para movilizar y crear alerta entre los individuos, y que para Hans Rosling, autor de Factfulness, esta circunstancia es una de las “peores distorsionadoras de nuestra visión del mundo”, ya que solo genera “crisis y estrés”.

Los populismos son un ejemplo claro de cómo usar el miedo y la confrontación, sin basarse en datos y hechos reales. Puede atraer a buena parte de los votantes, porque nos gustan las soluciones sencillas y sin coste alguno. Sin embargo, en un mundo feliz, si nos olvidamos de nuestras responsabilidades, también dejaremos nuestra libertad por el camino. ¿Serán capaces los políticos de aplicar las políticas necesarias para evitar que se infunda el miedo como estrategia de marketing al mismo tiempo que una parte de estos la usa para maximizar sus resultados electorales?

 

 

 

For Free Choice aims to promote scientific information and method in public discourse. For Free Choice also defends consumers’ choice rights against the smear and demonizing campaigns which aim to confuse them and benefit specific interests.