El envejecimiento poblacional amenaza al consumo

El pasado 11 de diciembre, el INE publicaba los datos definitivos de nacimientos, defunciones y matrimonios del año 2018. Estos datos confirmaron, una vez más, una tendencia que muchos analistas ya venían presagiando tiempo atrás. Dicha tendencia muestra un pronunciado envejecimiento poblacional y una pirámide de población cada vez más regresiva. Dicho cambio de tendencias demográficas tendrá graves efectos sobre la economía española principalmente en relación con el consumo, inversión y ahorro, siendo las tres principales fuerzas motrices de los modelos de crecimiento económico.

En 2018, el número de nacimientos se redujo un 5,2% en España, en comparación con el año anterior. El número de nacimientos exactos fue de 372.777, la cifra más baja desde el año 1998. Mientras tanto, el número de defunciones se cifró en 427.721 personas, un aumento del 0,8% con respecto al año 2017. Lo realmente importante de estas cifras es resaltar la tendencia demográfica negativa actual en España, con un crecimiento poblacional negativo de -54.944 personas. Con estas tendencias demográficas, la pérdida de población se concentraría sobre todo en el tramo de edad entre los 30 y 49 años, que se vería reducido en 2,7 millones de personas a lo largo de los siguientes 15 años (una contracción del 18,8% de este rango de edad).

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Por otro lado, los segmentos poblacionales que se expandirían serían aquellos situados en la mitad superior de la pirámide poblacional. Todos los grupos de edad de 50 años o más verían aumentar su densidad poblacional. En 15 años, vivirían en España 12,4 millones de personas de más de 64 años, lo que representa un incremento de este segmento de edad del 38,1%, en comparación con hoy día. Hoy en día, el porcentaje de población mayor de 64 años sobre la población total se sitúa en torno al 19%, aumentando hasta el 25,2% en el año 2033. ¿Pero que efectos económicos principales tendrían dichas tendencias demográficas?

Uno de los efectos más relevantes viene de la contracción de la fuerza laboral. Un descenso del nivel de población en edad de trabajar causará contracciones en la fuerza laboral, lastrando la producción total del país, disminuyendo los incrementos de productividad, y, por lo tanto, frenando seriamente el crecimiento del PIB total de la economía. Este envejecimiento poblacional también supone un enorme problema para el sistema público de pensiones, ya que esta tendencia demográfica aumenta la proporción de pensionistas frente a trabajadores, lo que incrementa las tensiones internas del propio cálculo actuarial del sistema de pensiones de reparto. Por ello, este envejecimiento de la población, a priori, no solo lastraría el bienestar individual en términos de PIB per cápita, sino también en referencia al PIB agregado, ya que reducciones en el nivel de producción (con la consecuente caída de los salarios) y contracciones en la tasa de sustitución de las pensiones y su cuantía, causarán fuertes estragos en el nivel de consumo, sobre todo aquel consumo destinado a actividades de ocio y bienes de demanda altamente elástica (es decir, aquellos bienes no básicos).

Finalmente, cabe destacar que dichas tendencias y estimaciones dependerán de si cambia o no el comportamiento de los ahorradores y consumidores dentro de cada grupo de edad. Si a la par que se reduce el consumo entre los grupos de mayor edad, este mismo se ve aumentado dentro de los grupos de menor edad por un shock productivo positivo que eleve los salarios de esta franja de trabajadores, dicho incremento podría compensar la caída del consumo agregado entre los jubilados, generando por lo tanto un efecto total positivo sobre el PIB. Por ello, la actuación de las instituciones públicas y privadas ante este escenario es crucial, ya que deben impulsar políticas que ayuden rentabilizar al máximo la producción actual y promuevan incrementos de productividad que puedan paliar las futuras contracciones del consumo, causadas por el envejecimiento poblacional y las tendencias demográficas regresivas.

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