Coronavirus y la necesaria bajada de impuestos

Coronavirus y la necesaria bajada de impuestos

El confinamiento causado por la crisis del coronavirus en la mayoría de países del mundo ha hecho que sectores con gran peso en la economía mundial, como el turismo o el automóvil, se hayan paralizado por completo. Las economías más poderosas del mundo están en recesión y los efectos a largo plazo de la pandemia todavía están por verse.

Así, la crisis del coronavirus se convierte en la primera verdaderamente global. Según Business Insider, más del 90% de los países del mundo han sido afectados por esta recesión, superando el efecto de la hasta ahora crisis más global, el crac del 29. Ante esta situación crítica, es necesario que los Estados se pongan en marcha cuanto antes.

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Para ello, es fundamental que los Estados tomen medidas valientes como suspender tributos en la actividad privada. Se trata de no continuar recaudando en una situación excepcional como si no pasara nada. De esta forma, las empresas y los ciudadanos contarán con mayores recursos para hacer frente a la crisis.

En este sentido, varios países han decidido bajar los impuestos como respuesta a la crisis del coronavirus. El Reino Unido ha anunciado la eliminación del impuesto por compra de vivienda o la bajada del IVA del turismo y la hostelería del 20% al 5%. Italia ha congelado el pago de impuestos hasta octubre y parte del impuesto de bienes inmuebles a los sectores más afectados por las restricciones, como hoteles, cines, o teatros. Por su parte, Alemania ha bajado hasta final de año el IVA general del 19% al 16% y en su tipo reducido del 7% al 5%.

En el caso de España, no ha habido una bajada de impuestos como tal, sino un aplazamiento de las deudas tributarias con la Hacienda pública. Sin embargo, el Gobierno ha seguido recaudando impuestos con normalidad, lo que supone que empresas y autónomos siguen pagando sus tributos, a pesar de que muchos se encuentran al borde de la quiebra. Tanto es así que se han dado casos de trabajadores autónomos que han cesado su actividad, pero deben seguir pagando su cuota. Precisamente los autónomos son un sector tradicionalmente castigado por los impuestos, y su supervivencia en esta crisis sería más factible si la voracidad del Estado fuera menor.

El Estado no puede comportarse como un recaudador inflexible y menos en una situación de emergencia como es la crisis del coronavirus. Hay que trabajar en el ámbito sanitario y social para acabar con el COVID-19, y coordinar esos esfuerzos internacionalmente. De la misma forma hay que luchar contra las consecuencias económicas, que precisan de una política fuerte de ayudas a la iniciativa privada, con rebajas de impuestos generalizadas, así como acuerdos internacionales en temas de comercio y aranceles.

Las políticas que incidan en la recaudación solo ahogarán a empresas y ciudadanos, impidiendo que participen en la recuperación económica, de la que deben ser los principales actores. Para ello, los Estados deben poner las herramientas legales para fomentar la iniciativa privada, y eso se hace eliminando obstáculos y tributos, no añadiendo más a los que ya existen.

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