Aumentar la presión fiscal no reactivará la economía

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La pandemia del COVID-19 ha generado una crisis económica de escala mundial, con muchos sectores afectados gravemente en su actividad y pocas perspectivas de mejora futura debido a la segunda ola del virus. Los gobiernos de todo el mundo tratan de buscar soluciones para reactivar la economía, entre las que destaca la subida de la presión fiscal, como el aumento del impuesto sobre el diesel o la decisión de subir del 10% al 21% el IVA de las bebidas azucaradas o edulcoradas.

Esta última medida se enmarca, asegura el Ejecutivo, en una campaña para combatir la obesidad e instaurar hábitos saludables de alimentación entre los consumidores. Sin embargo, entra en contradicción con los anuncios hechos con anterioridad de no aumentar las cargas impositivas a empresas y ciudadanos, sobre todo en el delicado momento actual, en que lo más necesario es reactivar el consumo y no frenarlo.

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Es más, ni siquiera está demostrado que subir los impuestos sirva para cambiar los hábitos de consumo. Según un informe de la consultora PwC sobre el aumento de la presión fiscal en el sector de alimentación y bebidas, en aquellos países que han implementado impuestos similares con el objetivo de mejorar la salud, los resultados han sido limitados, inconcluyentes o incluso negativos, al impactar sobre la actividad económica o el empleo.

El estudio de PwC indica que una subida del IVA a las bebidas azucaradas y edulcoradas podría suponer para la economía española una caída de la facturación de cerca de 120 millones de euros, una pérdida de Valor Añadido Bruto de 110 millones de euros y una destrucción de casi 2.000 puestos de trabajo. Estas cifras también repercutirían en toda la cadena de valor agroalimentaria: desde el sector agrario y la industria hasta el transporte y la distribución. Estos últimos sectores también se verán muy afectados por la subida del impuesto del diesel, lastrando su competitividad en un momento muy complicado.  

La necesidad de aumentar la recaudación no debe traducirse en subidas indiscriminadas de impuestos, sino en encontrar formas de ayudar a las empresas para que puedan generar riqueza en la sociedad. Subir impuestos o crear nuevos tributos que comprometan la competitividad de las empresas no parecen las medidas más aconsejables.

En este sentido, cabe recordar que el sector de la hostelería y la restauración no solo tiene un gran peso específico en la economía sino que la industria de alimentación y bebidas también depende de su recuperación. Para reactivar la economía y el empleo, hay que poner en práctica medidas de apoyo a los sectores productivos y el aumento de la presión fiscal no es el camino a seguir.  

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