Mercado y consumidores promueven la sostenibilidad

En los últimos tiempos, los consumidores hemos promovido la sostenibilidad buscando una mayor prosperidad, salud y felicidad. Asimismo, el mercado no permanece estático a estos cambios y demandas, sino que se adapta a nuevas necesidades sociales y medioambientales. Gracias a la libre empresa, los emprendedores y los gerentes de grandes empresas han comenzado a invertir tiempo, esfuerzo y recursos con el objetivo de reducir el impacto de las actividades humanas en el medio ambiente. De esta forma, se logra un mejor equilibrio entre el medio ambiente y las actividades humanas, además de generar más prosperidad a un mayor número de ciudadanos.

Mientras la ideología ambientalista persigue la utopía del mundo perfecto, los consumidores y las empresas están ocupados en encontrar las mejores soluciones para lograr un equilibrio a través del trabajo diario y lo hacen confiando en el método experimental. Este es el caso de algunas industrias alimentarias, que están reconsiderando las cadenas de producción para reducir el impacto en el medio ambiente y preservar la biodiversidad.

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Buen ejemplo de ello son las marcas que invierten en aceite de palma sostenible, ya que contribuyen a preservar el medio ambiente mucho más que las empresas que lo boicotean por razones cínicamente comerciales. Las primeras buscan soluciones que mejoren la vida de miles de millones de ciudadanos a base de trabajo y ciencia, al tiempo que preservan el medio ambiente. En cambio, las segundas se lavan las manos, prefiriendo soluciones basadas en el marketing y que pueden usarse en lemas comerciales sin rigor alguno.

Las iniciativas, que ya están en marcha, a favor del aceite de palma sostenible han llevado a la implementación de nuevos sistemas de control y trazabilidad que utilizan imágenes de satélite para:

  • Supervisar toda la cadena de suministro de aceite de palma.
  • Identificar áreas en riesgo de deforestación.

Si se quiere avanzar hacia una mayor sostenibilidad ambiental, se requiere de una fuerte colaboración entre agricultores, proveedores, productores y consumidores. Afortunadamente, esto va ocurriendo, y los esfuerzos del sector privado se combinan con las políticas de sostenibilidad implementadas por los gobiernos del sudeste asiático. Según los últimos datos publicados por Global Forest Watch, la situación en Indonesia está mejorando claramente. Las políticas gubernamentales han logrado efectos tangibles, logrando resultados concretos e inmediatos. La pérdida de bosques ha caído a su nivel más bajo desde 2003, continuando la prometedora disminución iniciada en 2016. Solo en el último año, la pérdida de bosques fue un 40% más baja que la tasa de pérdida anual promedio en el período 2002-2016.

Desgraciadamente, las noticias falsas de los medios de comunicación, que ven a las empresas que usan aceite de palma como pirómanos, parecen no querer aceptar la realidad de los incendios, ya que solo el 11% de los ellos involucran a plantaciones de palma y este porcentaje continua descendiendo. Solo entre 2016 y 2017, se ha logrado una reducción del 46% en las hectáreas de bosques víctimas de incendios, lo que muestra claramente cómo los legisladores locales y los empresarios están prestando más atención al ecosistema indonesio.

Hace años que se crearon certificaciones de sostenibilidad para la cadena de suministro de aceite de palma que están logrando excelentes resultados en la reducción del impacto ambiental de las plantaciones gracias a una estrecha colaboración con empresas, ONG y gobiernos locales. Organizaciones como la Roundtable on Sustainable Palm Oil (RSPO), según datos de hace unos meses, han logrado preservar 263.177 hectáreas de bosque. Los esfuerzos de la política local y del sector privado para poner mayor énfasis en la protección de los ecosistemas finalmente están dando resultados importantes. Esto merecería elogios y cobertura informativa. En cambio, solo se refleja difamación de todo tipo, a mayor beneficio de los promotores habituales del marketing de miedo.

Recientemente, una de las multinacionales más grandes, comprometida a invertir en la sostenibilidad de sus procesos, anunció que había logrado más su objetivo de impacto cero en deforestación. ¿Cómo lo han logrado? Invirtiendo, estudiando y experimentando. Los grandes productores de aceite de palma están utilizando estas nuevas tecnologías para mostrar su progreso tanto a los consumidores como a los inversores. Al mismo tiempo, estas multinacionales se comprometen a dejar de desarrollar turberas, independientemente de la profundidad de la turba y, cuando es viable, se buscan soluciones para la restauración total de la turba.

Todas estas mejoras y sistemas de monitoreo también deberían extenderse a las industrias como el papel y la soja, que tienen un mayor impacto en el medio ambiente. ¿A qué están esperando? Probablemente a que los medios de comunicación y los decisores se preocupen por ello. Estas industrias deben hacer que sus cadenas de suministro sean transparentes y sostenibles para generar una ventaja competitiva tanto con los inversores como con los clientes. Por tanto, no es extraño que los inversores de cultivos de soja hayan pedido detener la deforestación causada por la cadena de suministro.

Los que boicotean el aceite de palma deben entender que no velan por los bosques, sino que los abandonan. No promueven la biodiversidad, sino que la abandonan. No favorecen el desarrollo, sino que lo abandonan.

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