Lecciones desde África: la Economía de Mercado es el Camino Hacia la Sostenibilidad

En el corazón del África Central, en medio de la hambruna, la pobreza y los conflictos bélicos, el trabajo de un solo hombre nos muestra el camino hacia la prosperidad y la sostenibilidad.

En Europa nos preocupa la inmigración, pero hacemos muy poco para solucionar el problema de raíz. Nos lamentamos de la pobreza en África, pero no les ayudamos a fomentar una economía de mercado. Hacemos justo lo contrario: les arrebatamos los mecanismos que contribuirían a su prosperidad, les obligamos a emigrar o a masacrarse los unos a los otros en guerras tribales que sólo benefician a los fabricantes de armas occidentales.

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El padre Federico Trinchero, como ya les hemos contado, se dedica a ayudar a decenas de africanos a crear una economía sostenible. Es un hombre de Dios a quien los gobiernos deberían tomar como ejemplo para resolver muchos de sus problemas. Él encabeza un proyecto muy importante que da trabajo a quinientos jóvenes de la República Centroafricana, alejándolos de los grupos armados para, en su lugar, dedicarse a la producción de aceite de palma. A partir de hoy y durante las próximas semanas, les informaremos de la actividad de la Iglesia y su contribución a fomentar la prosperidad, el desarrollo y la sostenibilidad en el corazón de África.

La misión del padre Trinchero es desarrollar una economía local que cree empleo, prosperidad y, a largo plazo, garantice la libertad del pueblo africano. La comunidad de frailes carmelitas llegó al África Central por primera vez hace casi cincuenta años con el objetivo de ayudar a la población local a salir de la pobreza. En 1998, tras la compra de una pequeña porción de tierra destinada a la construcción de edificios que nunca prosperó, los frailes carmelitas decidieron no desaprovechar esa tierra y comenzaron a cultivar una materia prima sostenible que fuera capaz de traer prosperidad y desarrollo: el aceite de la palma aceitera.

Una vez identificaron en Bangui, la capital del país, tierras sin cultivar a las que no se les estaba dando uso, plantaron alrededor de 15.000 palmas aceiteras siguiendo las recomendaciones de un agrónomo experto. No hubo desforestación alguna. Los carmelitas tienen profundas convicciones de respeto a la naturaleza y antes se harían daño a ellos mismos que infringírselo a la naturaleza. De hecho, la comunidad carmelita se resiente por la proliferación de la construcción que está dándose en la ciudad. Los carmelitas cuentan con el apoyo de toda la población local, incluidas muchas de las instituciones regionales. Sin embargo, en occidente, algunas ONG y corporaciones multinacionales han comenzado una guerra ideológica y comercial contra este ingrediente que no está respaldada por el método científico.

Este producto natural, tal y como evidencian muchos indicadores, presenta un perfil de sostenibilidad mayor que el de otras materias primas, sobre todo cuando su cultivo se realiza siguiendo los altos estándares y certificaciones destinados a reducir los efectos dañinos en la naturaleza y la biodiversidad. Varios estudios, como los realizados por la Universidad Noruega de Ciencias de la Vida (NMBU) arrojan cifras muy significativas: la conversión a escala industrial del cultivo de la palma aceitera se asocia con menos del 0.5% de la deforestación global.

Es lamentable que algunas multinacionales hayan preferido apostar por el camino del dinero fácil, abandonando el aceite de palma sostenible por otras opciones más perjudiciales para el medioambiente en lugar de invertir en cadenas de suministro sostenibles.

Gracias a acciones concretas como las del padre Trinchero, este ingrediente ha permitido que se alcance un equilibrio óptimo entre los derechos de millones de agricultores a cultivar la tierra y la conservación de la flora y la fauna que les rodea.

Cada vez más, somos testigos de historias como la del padre Trinchero. Los frailes carmelitas, por ejemplo, han inaugurado recientemente una escuela de agricultura sostenible en Bangui para divulgar el siguiente mensaje:

EL MENSAJE: desarrollo, prosperidad, sostenibilidad y respeto por el medioambiente pueden coexistir.

El aceite de palma y la sostenibilidad se pueden convertir en una apuesta de futuro que ayude a erradicar las actuales guerras de religión que asolan a este país. Tantos retos para una única certeza: este ingrediente puede garantizar un futuro digno a miles de personas al tiempo que actúa protegiendo la biodiversidad. Debemos continuar por la senda que, con infinita dedicación, nos ha marcado el padre Trinchero. Es un ejemplo único en estos tiempos.

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