El registro obligatorio de la jornada laboral empieza a dar resultados negativos

Desde el pasado 12 de mayo, con la entrada en vigor de la nueva norma, todas las empresas sin excepción deben disponer de un sistema de control para registrar la jornada laboral efectiva de los empleados, reflejando el horario de entrada y de salida de cada uno de ellos. En caso de no hacerlo, podría suponer una multa por parte de la Administración de hasta 6.250 euros.

El motivo principal esgrimido por el Gobierno para la introducción de esta medida fue la de rebajar el numero de horas extras no remuneradas que recogía el Instituto Nacional de Estadística (INE) las cuales eran el casi el 44% de todas las horas extra. Sin embargo, esta medida parece no haber producido sino el efecto contrario al esperado, es decir, la cantidad de trabajo extra no remunerado ha subido en proporción, con el pernicioso resultado de no haber variado apenas el número absoluto de horas extra no remuneradas y produciendo un descenso en el numero de horas extra remuneradas. Los números hablan por sí solos: las horas extraordinarias totales han caído un 11,8%, las pagadas un 19% y las no pagadas un 2,5% respecto del mismo trimestre del año anterior.

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Ya el economista francés, Frédéric Bastiat, en su obra “Lo que se ve y lo que no se ve” se percató del problema de las medidas gubernamentales buenistas mediante las cuales sólo tratan las obviedades (lo que se ve) sin profundizar en las causas, pervirtiendo aún más los problemas subyacentes (lo que no se ve). Así, con esta medida populista, sólo se ha conseguido perjudicar a aquellos a los que se decía proteger. La fatal arrogancia del político que cree que simplemente por dictar una norma, sin tener en cuenta la compleja dinámica de la economía de todo un país, la sociedad va a responder favorablemente a sus deseos.

No es de extrañar los efectos de la medida, la cual se introdujo de mala manera. Primero, el desconocimiento de la situación laboral de gran parte del sector terciario en el que actualmente no se tiene un horario fijo o preestablecido, sino que se trabaja en función del cliente. También, desde el anuncio de la medida, los empresarios se quejaron por el caos, la desinformación y la falta de tiempo para adaptarse que se dispuso. Ello no ha favorecido la capacidad del entorno empresarial para responder. Por último, esta medida peca de orwelliana en el sentido de que trata de controlar completamente todo movimiento del trabajador cuando desempeña su labor.

En resumidas cuentas, el control horario ha sido una medida mal ejecutada, sin tiempo para implementarla, siendo perjudicial para aquellos a los que dice proteger y sin efectos palpables sobre el fenómeno que querían reducir. Al final, siempre es importante comprender los fenómenos económicos profundos que no se ven a simple vista para poder diseñar políticas exitosas.

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