El Papa también se solidariza con el aceite de palma

Las plantaciones de palma aceitera son un recurso que favorece el desarrollo y la estabilidad económica y política. Desde el punto de vista del Vaticano el cultivo de aceite de palma garantiza el equilibrio entre las necesidades de los seres humanos y la sostenibilidad ambiental. Las plantaciones también ayudan a controlar la migración hacia Europa.

El Papa, en un encuentro con el director general de una de las mayores multinacionales de energía, se ha reafirmado en el concepto expuesto en la encíclica Laudato Sí, es necesario encontrar el equilibrio entre el desarrollo de los seres humanos y la sostenibilidad. Para el Papa Francisco, los pobres y los ciudadanos de los países en vías desarrollo tienen derecho a emprender actividades económicas que les permitan alcanzar una mayor prosperidad, siempre y cuando lo hagan de un modo sostenible. De hecho, “son los pobres de África y Asia los que más sufren las consecuencias”.

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El Vaticano ha expresado su reconocimiento por el proyecto emprendido por el Padre Federico Trinchero, que ha desarrollado una plantación de palma aceitera que proporciona empleo a más de quinientos jóvenes, alejándolos de la pobreza y de la pertenencia a grupos armados. El desarrollo económico local es la mejor arma contra la guerra y contra la inmigración masiva hacia Europa. Las plantaciones de aceite de palma son una vía práctica para conseguirlo.

El Vaticano lleva apoyando el aceite de palma sostenible desde el 2018, cuando organizó una conferencia en la que el Cardenal Turkson expresó que “el aceite de palma ayuda a frenar la migración de decenas de miles de africanos a Europa” y lo calificó como capaz de estimular el desarrollo y el crecimiento de las regiones donde se cultiva.

El aceite de palma es el ingrediente que más favorece la sostenibilidad. De hecho, los cultivos que ahora compiten contra el aceite de palma tienen una incidencia mucho más negativa tanto en el medioambiente como en la biodiversidad. Por ejemplo, el rendimiento por hectárea de la palma aceitera es muy alto, alrededor de 3,8 toneladas por hectárea (t/h), mientras que el de sus opciones alternativas es mucho menor: 0,8 t/h en el caso del aceite de colza, 0,7 en el de girasol y 0,5 en el del aceite de soja.

Entonces, ¿por qué tantas ONG occidentales y tantas compañías alimentarias europeas están abanderando una campaña tan beligerante contra el aceite de palma?

Únicamente por razones comerciales. Deberían, sin embargo, hacer caso a su conciencia e interiorizar las palabras del Papa y las de aquellos que trabajan día a día en comunidades locales tales como las de Federico Trinchero. Al contrario de lo que recomendaba el Papa Francisco, muchos de los argumentos que se esgrimen para justificar la batalla contra el aceite de palma no responden a un interés por alcanzar una mayor sostenibilidad, ni están basados en la evidencia científica. La ideología radical y los intereses comerciales es lo que está detrás y no ofrecen soluciones para atender la emergencia climática, sino que pasan por alto el equilibrio necesario que debe existir entre el hombre y la naturaleza.

El aceite de palma es un ejemplo más entre las soluciones que hoy en día existen para luchar contra la pobreza y las cuestiones climáticas, pero las dinámicas comerciales tan agresivas que hay en contra de estas soluciones están impidiendo su puesta en práctica. En cierto modo, esta actitud es la misma que nos condujo a la crisis medioambiental en la que ahora estamos inmersos. El Pontífice nos ha enseñado cuál es el camino hacia la sostenibilidad. Es el momento de que, como ciudadanos, decidamos emprenderlo.

Empresas como Barilla, Coop, Iceland y Trapa necesitan escuchar al Papa. La indiferencia es una de las peores características del hombre.

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