El Estado Niñera: todo es por “nuestro bien”

nanny state

Los ciudadanos deben tener la libertad para perseguir sus proyectos vitales y eso implica poder usar los medios necesarios que consideren oportunos para alcanzar tales fines, siempre y cuando no dañen a otros individuos. Los ciudadanos deben ser capaces de mantener su autonomía de acción siempre que sean conscientes y tengan la capacidad de obrar con arreglo al marco mínimo de convivencia dentro de una sociedad.

Esto implica que, mientras no se realicen actividades lesivas sobre terceros sin su consentimiento, un individuo tiene el derecho de poder beber y comer aquello que desee, o incluso fumar la cantidad de tabaco que considere, puesto que las consecuencias de sus actos solo las padecerá este mismo.

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Sin embargo, la tendencia por parte de los políticos de toda Europa es aplicar impuestos y regulaciones sobre el consumo de ciertos productos, como el tabaco, el alcohol o las bebidas azucaradas. Para justificar tal restricción de las libertades individuales, se suelen usar argumentos piadosos. Un buen ejemplo es que se usan bajo la justificación de que este tipo de bienes son perjudiciales para la salud de quien los come, bebe o fuma, y que la recaudación de ingresos públicos adicionales es un resultado no intencionado.

El European Policy Information Center (EPICENTER) en los últimos años ha venido fiscalizando este tipo de políticas lesivas de la libertad individual y de los consumidores por parte de los gobiernos de los Estados Miembros de la Unión Europea. Recientemente ha hecho público el Índice del Estado Niñera del año 2019 recientemente (ver aquí).

Los resultados señalan una tendencia impositiva creciente sobre estos productos, así como una regulación cada vez más estricta en la mayoría de los países miembros de la Unión Europea. Por ejemplo, 11 de los 28 países tienen impuestos sobre los cigarrillos electrónicos, cuando hace uno año eran 8.

En general, en Finlandia y Suecia es donde se aplican los impuestos más elevados, aunque Irlanda y Reino Unido destacan negativamente en cuanto a los tributos sobre las bebidas azucaradas, mientras que el propio Reino Unido y Francia aplican una legislación mucho más represiva para el tabaco tradicional.

Afortunadamente, España se encuentra entre los países más liberales del Índice, ocupando el sexto puesto, cuando hace uno año se encontraba en la décima posición. En gran medida, la buena puntuación española se debe a los bajos impuestos aplicados sobre el alcohol. Por ejemplo, al vino se le aplica un gravamen del 0% y el que sufre la cerveza es el tercero más bajo de la Unión Europea. Sin embargo, la regulación sobre el tabaco es cada vez más exigente y no parece surtir el efecto deseado porque el consumo de tabaco está en cifras anteriores a la ley antitabaco. Además, planea sobre el panorama político el gravar las bebidas azucaradas, algo que ya sucede en Cataluña.

En definitiva, aunque España se encuentre en una buena posición a la hora de tratar a los individuos como consumidores autónomos y responsables, el hecho de que en otros países de la Unión Europea se esté restringiendo cada vez más el consumo de ciertos productos, con la supuesta justificación que es por “nuestro bien”, genera una amenaza de conculcación de una de nuestras libertades más básicas: la de poder hacer aquello que consideremos oportuno con nuestro cuerpo siempre que no dañemos a terceros.

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